Cómo construir una mentalidad que te haga avanzar más que la mayoría
aunque no tengas talento (ni intuición)
Hay algo que, si miras con calma, se repite bastante a la hora de emprender. No solo en negocios, sino en casi todo.
A la hora de conseguir cualquier objetivo que te propongas
El punto donde te atascas no es aleatorio.
No es “esto no es lo mío”. Es, simplemente, que no tienes el modelo mental, la estructura, todavía.
Y claro, como no tienes estructura, todo se siente confuso, y no sabes bien qué hacer, ni por qué lo que haces no funciona.
Tampoco sabes qué cambiar. Así que haces lo que hace casi todo el mundo.
Y si haces lo que hace la mayoría, tendrás los resultados que tiene la mayoría.
Y la mayoría tiene resultados mediocres.
En esta newsletter, voy a hablarte de juego interno. Del juego interno que necesitas para emprender, o para conseguir lo que te propones en la vida.
1. Qué significa esto en la práctica
Te pongo ejemplos para empezar a aterrizarlo
Hay gente que no sabe vender.
Pero en lugar de meterse justo con eso, en vez de aprender a vender, se dedica a mejorar el producto, el branding, el diseño, la web, y cualquier otra cosa que se les ocurra menos la venta.
Todo menos vender.
Que es justo lo que necesitan.
Otros no saben posicionarse.
No tienen claro qué hacen ni para quién.
Pero se ponen a publicar contenido todos los días, sin una posición clara.
Sin dirección. Sin saber qué están construyendo.
Otros no saben negociar.
Aceptan condiciones que no les convienen.
En lugar de entender esa dinámica, se dicen que “ya mejorará”.
Pero solo, no mejora.
Si te fijas, aquí hay un patrón que se repite. Siempre es lo mismo.
Un punto donde no hay control real. Y una tendencia clara a evitarlo.
2. Donde no tienes intuición, ahí está el trabajo
En mi caso, muchas de las cosas que mejor he terminado entendiendo en mi vida han salido justo del sitio contrario: de no tener ni idea, de hacerlo mal, y de no tener intuición ninguna.
De tener que construirlo desde cero, paso a paso, equivocándome.
Es curioso, porque cuando no tienes intuición, no puedes confiar en ella, y eso te obliga a hacer algo que la mayoría evita: pensar, observar, desmontar lo que haces y probar alternativas sin saber muy bien hacia dónde vas.
Ese proceso es incómodo, pero es donde empieza a aparecer la comprensión real.


