Cómo fallar en una entrevista
Experiencia real
He fallado un proceso de selección. Recientemente.
Y no lo digo en plan motivacional de “bueno, aprendizaje y seguimos”.
He fallado. Punto.
Era un proceso largo, con muchas rondas, exigente de verdad. Horas de preparación, entrevistas, panel final... Llegué hasta el final. Hasta la última ronda Me quedé cerca.
Mañana te contaré en detalle qué hacer para no fallar tú. Hoy te dejo algunas claves muy útiles, esto es, si las lees y las interiorizas.
Vamos a ello.
La realidad que no te cuentan
Lo interesante no es el fallo.
Es por qué he fallado.
Porque no fue por hacerlo mal (aunque ojo, sí hice cosas mal).
Fue por algo que la mayoría de la gente no quiere aceptar, pero que cuando lo ves una vez ya no puedes dejar de verlo:
La plaza no era para mí; era para otra persona.
Esto no gusta oírlo. Y no gusta decirlo. Pero si has estado dentro de estructuras grandes, lo sabes. (y si no lo sabes, no sé cómo has llegado hasta ahí)
Sobre todo en posiciones de cierto nivel, muchas vacantes no son realmente abiertas. La gran mayoría, de hecho, no lo son.
No es un “vamos a ver quién es el mejor”. Es un “vamos a validar a alguien que ya tenemos en mente”. Tienen nombre y apellido.
Aquí es donde muchos se equivocan.
Se creen que todo depende de hacerlo perfecto. Que si preparan mejor las respuestas, si afinan el discurso, si dominan la entrevista… entonces van a ganar.
No funciona así.
Puedes hacer una entrevista muy buena, muy sólida, muy profesional. Puedes haber pasado rondas duras, haber invertido tiempo, haber hecho todo lo “correcto”.
Pero si hay alguien que parte con ventaja real —porque ya está dentro, porque alguien le ha empujado, porque encaja antes de abrir la boca— no estás compitiendo en igualdad de condiciones.
Cómo funciona de verdad la cabeza de quien decide
Esto no es una conspiración; Es psicología básica.
Te cuento algo que vi hace tiempo y que se me quedó grabado porque explica esto mejor que cualquier teoría.
Se hizo un experimento en redes sociales.
Cogieron a un grupo de mujeres y les enviaban mensajes desde perfiles de hombres.
Era un mensaje en frío, que proponía un acercamiento y que se podía intuir que era con fin picante.
El mensaje era exactamente el mismo siempre. Copiar y pegar. Mismo texto, mismas palabras, mismo tono.
No cambiaba absolutamente nada.
Lo único que cambiaba era el perfil que lo enviaba.
Había perfiles de hombres muy trabajados: fotos buenas, cuerpo cuidado, buena imagen, lo que en general se percibe como un perfil atractivo.
Y otros perfiles más normales, fotos peores, menos trabajados, más descuidados, con sobrepeso, etc.
El mensaje era el mismo. Idéntico. Pero las respuestas no tenían nada que ver.
Cuando el mensaje venía de un perfil que ellas percibían como atractivo o de valor, las respuestas eran abiertas, a veces divertidas, positivas.. había conversación.
Cuando el mismo mensaje venía de un perfil que no encajaba en ese estándar, las respuestas eran frías, cortantes, incluso ofensivas en algunos casos. La conversación moría ahí.
Mismo mensaje. Resultado completamente distinto.
¿Qué te dice esto?
Que no estamos evaluando de forma objetiva lo que nos dicen.
Primero clasificamos a la persona.
Y después interpretamos lo que dice en función de esa clasificación.
En una entrevista pasa exactamente lo mismo.
Si tú entras y, por lo que sea, encajas en lo que están buscando, o ya eres el candidato, hay margen. Tus respuestas se interpretan mejor, te dan espacio, incluso te ayudan sin que te des cuenta.
Si no encajas de entrada, todo pesa más. Te exigen más precisión, te repreguntan más, cualquier duda se amplifica. te aprientan
No es que unos sean más duros contigo y otros no. Es que ya han decidido en qué categoría estás… y actúan en consecuencia.
Y esto, si no lo entiendes, te lleva a frustrarte.
Porque tú sales pensando: “pero si he respondido bien”. Y probablemente es verdad.
Pero no era eso lo que se estaba decidiendo.
El error de preparar solo la entrevista
Aquí es donde la mayoría pierde el tiempo.
Se obsesionan con preparar la entrevista. Respuestas, ejemplos, storytelling, estructura… todo eso está bien, pero llega tarde.
Si entras ahí sin estar bien posicionado de antes, estás intentando remontar algo que no se decide en ese momento.
La entrevista no es donde te conviertes en el candidato. Es donde confirman cuando ya lo eres.
Lee eso otra vez.
Esto cambia completamente el enfoque.
Porque entonces la pregunta ya no es “cómo hago una entrevista perfecta”.
La pregunta es otra:
cómo hago para que, cuando llegue ese proceso, yo no parta desde atrás.
No todos los procesos son para ganar
Y aquí hay otro punto importante.
Que una plaza no sea para ti no significa que no debas presentarte.
Pero tienes que saber para qué vas.
Si no eres candidato real, no tiene sentido que te mates a prepararla como si fuera tu única oportunidad.
Ahí estás invirtiendo energía en algo que probablemente no controlas.
Pero puede tener sentido ir:
Para que te vean.
Para entender cómo funciona ese nivel.
Para coger rodaje y practicar tus respuestas
Si vas, tienes que tener claro el objetivo.
No es lo mismo ir a ganar… que ir a posicionarte.
Lo que me llevo de todo esto
Yo sabía que no era el primero en la línea de salida. Aun así fui.
Y no me arrepiento. Porque saqué algo que vale más que el puesto en sí: claridad.
Me senté delante de gente muy buena y me dijeron exactamente en qué había fallado. Sin adornos. Sin suavizarlo.
Eso, aunque no apetezca escucharlo, es útil. Muy útil.
Para que cuando sí que sea yo el numero 1, no falle.
Si te llevas algo de este artículo, que sea:
no te evalúan solo por lo que haces en la entrevista.
Te evalúan por cómo encajas en algo que ya tienen en la cabeza.
Cuando entiendes eso, dejas de obsesionarte con hacerlo perfecto en ese momento…
y empiezas a centrarte en algo mucho más importante: llegar a ese momento en la posición correcta.
⸻
En el siguiente artículo voy a entrar en esto en detalle.
Te voy a explicar cómo saber si eres candidato real o no antes de perder tiempo, cuándo merece la pena ir a un proceso y cuándo no, y cómo prepararte para que, cuando llegue el momento, no estés compitiendo desde atrás.
Estate al loro.
Y si has tenido alguna experiencia parecida, cuéntamela. Leo todos los mensajes.
Un abrazo.
Carlos

