En el artículo anterior hablé de algo incómodo.
Perdonar a tus padres.
No porque lo merezcan (que puede ser), sino porque vivir con resentimiento permanente suele ser una carga demasiado pesada.
Lo que pasa es que decir “tienes que perdonar” es fácil. Lo difícil es hacerlo de verdad.
Y la mayoría de las personas no saben cómo.
Hoy quiero explicar un proceso más concreto.


