Cómo salir de un bache muy duro de la vida sin hundirte por dentro
En el post gratuito de hace unos día, hablé de cómo superar un bache en general:
Aceptar el golpe.
No pelearte con la realidad.
No caer en el victimismo.
Seguir actuando.
Hoy quiero ir a algo más profundo, y más concreto.
A cómo se atraviesa de verdad una etapa muy dura cuando estás en mitad del barro. Cuando ha pasado algo serio, cuando llevas sufrimiento arrastrado, cuando además tienes decisiones que tomar, gente con la que hablar, cosas que resolver y un día a día que no se detiene porque tú no estés al 100%.
Un paso a paso para salir del agujero.
Esto no lo escribo desde la teoría. Lo escribo desde la experiencia. Lo escribo después de haber pasado hace poco por una etapa muy dura. De las más duras de mi vida.
Un golpe serio, de esos que cambian cosas de verdad y que te obligan a recolocarte por dentro y por fuera. Y además no vino solo. Venía con cosas previas, y siguió con consecuencias posteriores, conversaciones complicadas, meses de desgaste y una sensación bastante constante de estar gestionando más de lo que me apetecía gestionar.
Yo seguí.
No perfecto. Ni feliz. Ni inspirado. Pero seguí.
Y de esa etapa saqué varias ideas que creo que pueden servirle a alguien que esté pasando ahora por algo parecido.
Te las cuento:
La primera es que aceptar el golpe no es el final del proceso. Es el principio.
Esto conviene entenderlo bien. Porque a veces uno dice “vale, lo acepto” y cree que con eso ya está en el camino correcto. Pero no. Aceptarlo lo único que hace es colocarte en la realidad. Que ya es mucho. Lo contrario, negar, posponer, mirar para otro lado, fantasear con que todo vuelva solo a su sitio, te debilita bastante.
Pero una vez aceptado, empieza lo de verdad.
Empieza convivir con ello.
Levantarte al día siguiente sabiendo que el problema sigue ahí.
Empieza responder mensajes, hablar con gente, atender responsabilidades, hacer gestiones y pensar con claridad más o menos suficiente para no empeorar las cosas.
Ahí aprendí una cosa.
Cuando la vida pega fuerte, el sufrimiento no siempre viene solo de lo que ha pasado. Muchas veces viene también de la resistencia que opones a vivir lo que toca vivir después.
Eso agota muchísimo.
Por eso, en una etapa así, conviene simplificar:
No preguntarte veinte veces por qué.
No quedarte atrapado en explicaciones infinitas.
No recrearte en el dramatismo.
Ver qué ha pasado, qué depende de ti ahora y qué hay que hacer primero.
A veces sobrevivir bien a un bache tiene más que ver con ordenar que con entender.
Otra cosa importante es no hacer del sufrimiento una identidad.
Esto pasa mucho y es peligroso.


