El que menos habla, manda más
Esta semana me pasó algo interesante.
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Un director —muy alto en la organización— se mosqueó conmigo por un tema delicado. Más bien por su ego, que no estuvo suficientemente masajeado (pero eso da para otro email).
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Me comunicó su punto de vista con calma. Y luego se calló.
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El silencio fue incómodo.
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Yo hablé para justificarme.
Luego hablé un poco más, para aclarar.
Y terminé diciendo mucho más de lo que debería.
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¿El resultado? Él había dicho menos de 50 palabras. Yo, más de 500.
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Y sin darme cuenta, había reforzado su posición.
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Porque, en general,
El que menos tiene que hablar en una interacción… es el que más estatus tiene.
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En las reuniones pasa igual.
En las negociaciones también.
Y en las ventas, más aún.
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Cuando llenas tus palabras de explicaciones, excusas y adornos:
Pierdes autoridad.
Pierdes claridad.
Y lo peor: dejas que otros manipulen tus palabras en tu contra.
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Recuerdas el dicho?
Eres dueño de tus silencios, y esclavo de tus palabras.
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Por el contrario, cuando tu mensaje es corto, claro y afilado:
Te escuchan.
Te entienden.
Y, muy importante, te respetan.
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La clave es decir lo justo y necesario.
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Cómo hacerlo:
Un mensaje, una idea.
Si intentas meter cinco ideas en una frase, ninguna cala. La gente recuerda lo simple, no lo completo..
Habla como si tuvieras poco tiempo.
Resumir obliga a priorizar. Lo que importa queda; lo demás sobra.Ojo, como si tuviers poco tiempo, significa conciso. No rápido. Hablar rápido señala bajo estatus.
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Deja silencios.
Aprende a vivir con ellos sin sentirte incómodo.
El que se precipita a rellenar huecos pierde poder. El que calla, marca el ritmo..
Responde sin justificarte.
Nunca digas: “perdón, es que…”.
Di: “esto es lo que hay”.Eso, claro si no la has liado parda. Si has cometido un error, puedes disculparte por ello una vez, con calma, y sin arrastrarte.
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Usa frases de anclaje.
“Lo importante aquí es…”
“En resumen…”
“La decisión clave es esta…”
Estas frases fuerzan claridad y te blindan contra divagar. Y la gente quiere ser guiada, quieren que alguien les haga el trabajo duro de sintetizar la información. Que les digan con qué quedarse.
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Hablar menos no es hablar peor. Es hacer que cada palabra trabaje para ti.
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Para aprender a pensar con esa misma claridad (antes incluso de hablar), te recomiendo La Escalera Mágica hacia el Éxito, el primer libro de Napoleon Hill (sí, el autor de Piense y hágase rico).
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Lo he traducido yo mismo. Lo tienes aquí:
Si lo quieres en EPUB, escríbeme y te digo cómo conseguirla.
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Un saludo,
Lobo
PD: enlaces arriba

