Lo que casi mata mi crecimiento en redes
Y la forma sencilla de evitarlo
Hace 2-3 años, intenté tener presencia online. Digo intenté, por que lo acabé dejando. Cuando lo retomé, lo retomé en serio. Y esta vez sí, obtuve resultados. Pero la primera vez, no. Y hoy te cuento por qué.
Aquella vez, llevaba meses con el plan perfecto: tenía hilos medio escritos, un Notion lleno de templates bonitos (algunos de pago) y un calendario de contenido que parecía sacado de un curso caro (lo había modelado de un gurú).
Sabía exactamente qué hacer para crecer en redes sociales. Y aun así… seguía prácticamente en el mismo sitio. Hasta que me di cuenta de que el problema no era lo que sabía. Era esa maldita distancia entre saber y hacer.
La distancia entre saber y hacer. Dos palabras tan simples que casi dan risa. Y sin embargo explican por qué la mayoría de la gente que quiere montarse una marca online se queda en el intento.
Saber, es fácil. Hoy en día cualquiera tiene acceso a todo: hilos virales, plantillas, estrategias, cursos.
No, comprar (o peor aún, descargar) otro curso no va a ser tu solución.
Sabes qué tienes que publicar, cómo mandar DMs, cómo estructurar un artículo del Substack, cómo publicar en X, etc. Lo tienes todo en la cabeza. O puedes encontrarlo fácilmente.
Pero hacer… eso ya es otra historia.
Y la distancia entre una cosa y la otra no la llena más estrategia. La llena el deseo. Un deseo de verdad grande. Un deseo ardiente, que decía Napoleón Hill. No un “me gustaría”, ni un “estaría bien vivir de esto”.
No.
Un deseo que te quema por dentro, que te hace priorizarlo por encima de casi todo lo demás.
Que te obsesiona.
Decir que quieres algo, no es quererlo.
Querer el resultado final, obviando el camino y el precio a pagar, no es quererlo.
Contárselo a tus amigos, y decir que vas a empezar, pero después de no sé qué, porque ahora estás muy liado, no es, ni mucho menos, quererlo.
La lección es brutalmente simple: si el deseo no está ahí de verdad, intentar desarrollar persistencia es prácticamente una pérdida de tiempo.
Porque los problemas de la vida —y te aseguro que llegan, y llegan gordos— te van a derribar. Siempre habrá una excusa perfecta: el cansancio, el cliente que no paga, el algoritmo que no empuja, la semana en la que nadie te lee.
Siempre.
Nunca hay un buen momento.
El momento era ayer. Como ya ha pasado, el momento es ahora.
Yo lo viví en primera persona cuando empecé con mis cuentas. Sabía todo. Pero mi deseo era todavía de tamaño medio. Cómodo. De sofá. De hoy juega mi equipo, y quiero ver esta serie de Netflix, así que ya empiezo mañana.
Y por eso mis hábitos, mis malos hábitos, seguían ganando.
No le daba cuanta que me enfocaba en acciones que parecían productivas pero solo alimentaban el paradigma, el modelo mental negativo, y me mantenían estancado:
- Pasarme dos horas y media eligiendo la paleta de colores perfecta para el banner y el avatar en Canva.
- Leer otro hilo de “cómo crecer en X en 202X” en vez de escribir el mío propio.
- Reorganizar carpetas de Google Drive, templates de Notion y sistemas de notas “para tenerlo todo listo de una vez”.
- Cambiar el bio, el link en bio y el nombre de la cuenta por cuarta vez en un mes.
- Consumir más contenido sobre marca personal, monetización e IA en vez de crear el mío.
- Ver perfiles de gente que “lo ha conseguido” para “inspirarme” y acabar comparándome y paralizándome.
Todo tenía pinta de ser serio y organizado. Nada lo era. Al final del día no había publicado nada que moviera la aguja. Y cuando llegaba el primer muro (empezar es difícil, nadie te lee) el deseo no pesaba lo suficiente. La mente me regalaba la excusa perfecta: “igual necesitas más información”, “igual no es el momento”, “igual mañana lo hago mejor”.
Pero hay acciones que sí mueven la aguja (y que al principio me costaba un huevo hacer). Son estas:
- Publicar ese hilo que no está perfecto pero que ya está escrito, aunque te dé vergüenza que salga mediocre.
- Escribir 400-500 palabras para el próximo artículo del Substack aunque estés cansado, sin ideas brillantes y con ganas de cerrar el ordenador.
- Mandar 10-15 cold DMs al día aunque 12 te ignoren.
- Grabar un audio aunque salgas con voz de dormido y cero carisma ese día.
- Seguir publicando consistentemente aunque lleves tres semanas con engagement bajo y sientas que nadie te lee.
- Decidir de una vez qué vas a cobrar y mandar la primera oferta aunque te tiemble el dedo al pulsar “enviar”.
- Decir que no a distracciones, a “investigar más” y a reorganizar todo otra vez. Y por descontado; al fútbol o a Netflix. Si leer esto te incomoda, simplemente aún no estás listo.
No necesitas saber más. Necesitas hacer consistentemente lo que ya sabes, aunque tu cabeza y tus viejos hábitos te tiren para atrás con todas sus fuerzas.
Cuando tu deseo es lo suficientemente grande, los problemas siguen existiendo —y son tantos y tan gigantes como siempre—, pero dejan de contar tanto. Pierden el poder de derribarte.
Cuando el deseo es grande de verdad, la persistencia deja de ser un esfuerzo heroico y se vuelve algo casi natural. No fácil, ojo, pero si natural.
Es como si el deseo mismo te empujara. Ya no tienes que forzarte tanto. Sigues aunque estés cansado. Sigues aunque el resultado no se vea todavía. Sigues porque parar duele más que seguir.
Lo viví hace poco en carne propia. Semana horrible: poco sueño, un cliente malo, el engagement bajo, y esa vocecita constante de “¿para qué sigues haciendo esto?”. Podría haber parado. Y cosas como esa pasan a menudo.
Pero cuando quieres algo de verdad, los problemas siguen existiendo… pero pierden el poder de pararte.
Poco a poco las cosas empezaron a moverse otra vez.
Si estás ahora mismo intentando arrancar o relanzar tu marca personal online, hazte estas preguntas sin mentirte ni un segundo:
¿Sabes exactamente qué tienes que hacer?
¿Lo estás haciendo de verdad?
¿O estás dejando que el paradigma te mantenga circulando a baja velocidad con el motor a tope?
En la distancia entre saber y hacer es donde se decide casi todo.
Y cruzarla solo requiere un deseo lo bastante grande como para que la persistencia deje de sentirse como sufrimiento y empiece a sentirse como lo que es: el camino normal.
Si estás en ese punto donde sabes perfectamente qué tienes que hacer pero algo dentro te frena cada vez que intentas dar el paso, cuéntame en comentarios o mándame DM. Me interesa de verdad saber en qué fase estás y qué es lo que más te está costando ahora mismo.
Y si el artículo te ha removido algo, compártelo. Igual hay alguien ahí fuera que justo hoy necesitaba leer esto para dar el siguiente paso.
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Pronto se vienen más cosas
Un abrazo,
Carlos

