Septiembre. Volvemos al ataque.
Después de un agosto bastante tranquilo, estas próximas semanas voy a publicar más, voy a lanzar varias cosas nuevas y voy a venderte algunas.
No pasa nada por decirlo.
Tengo la sensación de que en internet hemos convertido la palabra vender en algo casi sucio. Como si cobrar por algo automáticamente lo hiciera menos noble, y trabajar gratis fuera una especie de superioridad moral.
Yo creo que ganar dinero es bueno. Y creo que vender (que es sinónimo de ayudar) también lo es.
Si tienes algo que realmente puede ayudar a otra persona, se lo explicas honestamente, esa persona decide libremente que le compensa pagar el precio que pides y ambos termináis mejor que antes…
¿Dónde está exactamente el problema?
De hecho, creo que no vender algo útil es más egoísta que venderlo.
Además una cosa curiosa ocurre cuando todo es gratis: no hacemos ni p.. caso.
¿Cuántos PDFs gratuitos tienes guardados que nunca has abierto?
¿Cuántos cursos gratuitos has empezado y abandonado en la segunda lección?
¿Cuántos artículos has guardado en “leer después” para no leerlos nunca?
No sé tú; yo unos cuantos.
Pero pagas 200 euros por algo y, de repente, prestas atención.
No siempre, claro. También puedes pagar 200 euros y no hacer absolutamente nada, hay gente para todo, y yo he sido culpable de eso más de una vez. Pero pagar aumenta tu inversión, y cuando has invertido algo tienes más motivos para aprovecharlo.
En cualquier caso, hay algo sobre cómo quiero hacerlo que llevo un tiempo pensando. Y tiene que ver con los gurús.
Yo tampoco sabía qué coj… hacer
Cuando empecé a crear contenido online no tenía un plan maestro. No tenía una estrategia de cinco años.
No tenía un Notion con mi “Creator Business Roadmap” ni nada por el estilo.
Lo que sí que tenía eran ganas de crear algo. Así que empecé.
Hoy tengo más de 100.000 seguidores en X, más de 5.000 suscriptores en Substack y he generado miles de euros con cosas que he creado yo.
No es un imperio, pero tampoco está mal.
Sobre todo teniendo en cuenta que no me dedico a esto a tiempo completo. Tengo un trabajo, familia, hijos, otros intereses y normalmente puedo dedicarle 1 o 2 horas al día. Algunos días más. Otros, nada.
Durante este tiempo también me han pasado cosas importantes fuera de internet. Algunas bastante duras que no he contado aquí, ni tengo necesidad de contar. En fin.
No soy de los que piensa que sufrir cosas te hace más guay. Te hace mejor, sí. No hay duda. Pero internamente. No es necesario hacer un show de ello.
Lo que te vengo a decir con esto es que la vida no se detuvo para que yo pudiera crear una audiencia; la audiencia la fui creando mientras ocurría la vida.
Cuando miras ahora los números es fácil hacer algo que hacemos constantemente con el éxito ajeno:
Ver el resultado y reconstruir el camino como si hubiera sido obvio. No lo fue, en absoluto.
Muchas veces me sentaba delante del ordenador y pensaba:
¿Y ahora qué coj… hago? Pruebas algo. No funciona. Pruebas otra cosa. Funciona un poco. Lees. Observas a alguien que va por delante. Copias una estructura. A ti no te funciona. Cambias algo. Ahora funciona. Lo vuelves a hacer y deja de funcionar.
Y vuelta a empezar. Poco a poco vas entendiendo cosas.
Ese ha sido mi camino, al menos.
Y creo que casi todos los caminos reales se parecen bastante más a esto que a lo que te cuentan después en un curso de 997 euros.
El camino parece recto cuando ya has llegado
Imagina que haces diez cosas para crecer un negocio. Nueve no funcionan. Una sí.
Esa décima cosa empieza a generar resultados, tú sigues tirando de ella, aprendes, creces y cinco años después tienes una empresa que factura millones.
Ahora alguien te pregunta: “¿Cómo lo hiciste?”
Es muy tentador mirar hacia atrás y construir una historia lógica.
Primero hice A. Después entendí B. Eso me llevó a C. Y C produjo D.
Perfecto.
Pero la clave es que cuando estabas en A no tenías ni idea de que existía D.
Estabas probando cosas.
No significa que el éxito sea suerte. No. Estabas ahí, probando. Si no no hubiera sucedido.
Hay trabajo, preparación, conocimiento, habilidad, constancia y decisiones buenas.
Pero también hay contexto, momento, oportunidades que aparecen, cosas que pruebas sin saber exactamente qué ocurrirá y otras que deberían haber funcionado pero no funcionaron.
El mapa que dibujas después de llegar no es exactamente el territorio que recorriste.
Ahí empieza uno de los problemas que tengo con parte de la industria de los gurús.
“Haz exactamente lo que hice yo”
Internet está lleno de esto.
Yo conseguí X. Tú quieres X. Por lo tanto, haz exactamente lo que hice yo y conseguirás X.
Tiene sentido, pero a la vez deja de tenerlo, porque tú no eres esa persona.
No tienes su personalidad, su experiencia, su audiencia, sus contactos, sus habilidades, su momento de mercado, su tolerancia al riesgo, su capacidad de comunicación ni sus circunstancias.
Incluso aunque hicieras exactamente lo mismo, el mundo al que lanzas tu producto hoy no es el mismo mundo en el que esa persona lo lanzó hace cinco años (o hace 5 meses). Y la audiencia a la que lanzas no es la misma, y otros mil factores.
¿Significa esto que no debes comprar cursos? No. Para nada. Invierte en ti.
Yo compro formación, leo muchísimo, no paro de crecer, y he aprendido una barbaridad de personas que están por delante de mí. Y seguiré haciéndolo.
Eso te puede ahorrar años.
Pero una cosa es aprender de alguien y otra bastante diferente es intentar convertirte en esa persona ciegamente, o aplicar las técnicas sin entender los principios.
Esto lo veo muchísimo en creación de contenido:
Alguien crece escribiendo de determinada manera. Dos meses después aparecen 400 personas escribiendo exactamente igual.
Las mismas frases, los mismos hooks, los mismos saltos de línea, la misma manera de vender y hasta las mismas expresiones.
Luego se extrañan de que no funcione, pero no ven un problema bastante obvio:
El original ya existe.
Por eso los de la imagen de abajo, no llegarán tan lejos como el original.
El modelo del gurú
Veo este sobre todo, con un tipo de marketing que funciona muy bien en el mundo hispanohablante en los últimos años.
Es un marketing que más o más o menos dice así:
Yo soy la hostia.
Tú no.
Yo tengo dinero.
Tú no.
Yo hago lo que quiero.
Tú estás atrapado por el sistema.
Mira mi coche, mis ingresos, mis abdominales, mi captura del banco, mis seguidores.
Son mejores que los tuyos.
Si quieres dejar de ser un pringado, compra esto.
Seguirás por debajo de mí, pero puedes mejorar un poco, y te perdonaré. la existencia
Si no lo compras, eres un perdedor.
Bonus: la oferta se acaba hoy, mañana doblo el precio. y pasado, lo borro para siempre. Si no me compras, te bloqueo de mis seguidores, y mañana contaré la historia en redes de cómo un perdedor inútil se arruinó la vida por no comprarme.
Estoy exagerando un poco, pero ojo, tampoco mucho (viendo a algunos “gurús” que hay por ahí.
Y bueno, a algunos les funciona. No tengo ningún problema en reconocerlo.
La confianza vende (y la confianza aparente también). Queremos seguir a personas que parecen saber dónde van. Si estás perdido y aparece alguien diciendo “sé exactamente cómo salir de aquí”, prestas atención.
También hay personas que saben utilizar esa confianza muy bien.
Por ejemplo, me parece muy bueno en esto Isra Bravo. Creo que sabe moverse especialmente bien entre valorar muchísimo su trabajo, vender con una autoridad enorme y jugar deliberadamente con esa confianza que raya en la arrogancia, pero sin cruzar del todo la línea. Creo que lo hace de manera educada, y correcta, y cumple l que promete. Él sabe hacerlo bien.
Le funciona. Perfecto.
Lo que me parece absurdo es concluir que, como le funciona a él, tú tienes que convertirte en una versión barata de Isra Bravo. O de cualquier otro.
Los que le copian, ni son él, ni lo hacen como él. Muchas veces destilan solamente chulería y desdén. Y luego se sorprenden de que no les compren.
Y ojo, que yo creo que la arrogancia a veces es aceptable.
Acabo de escribir un artículo entero sobre Mourinho. Me encanta el personaje.
También Cristiano Ronaldo.
Los dos tienen una confianza en sí mismos que para una persona normal puede parecer directamente arrogancia. También los dos son de los mejores del mundo en lo que hacen. se lo han ganado.
Pero si la única conclusión que sacas de Cristiano Ronaldo es que deberías empezar a decir que eres el mejor del mundo, creo que te has perdido una parte importante de la película.
Para comportarte como el mejor del mundo ayuda bastante ser el mejor del mundo.
Copiar la arrogancia tarda cinco minutos. Copiar los veinte años de trabajo que hay detrás es algo más incómodo.
Creo que ese modelo se está agotando
No digo que vaya a desaparecer.
Siempre habrá gente vendiendo certezas absolutas porque las certezas se venden muy bien.
Pero creo que cada vez somos más escépticos.
Hemos visto demasiado humo. Demasiados screenshots. Demasiadas fórmulas secretas. Demasiado poco respeto por la audiencia.
Creo que está apareciendo otro tipo de creador que a mí, personalmente, me interesa bastante más.
No te dice:
“Yo estoy aquí arriba y tú ahí abajo.”
Te dice:
“Yo ya he recorrido la parte del camino que tú estás empezando. Si quieres, te cuento por dónde he pasado.”
Para mí hay una diferencia enorme.
No necesitas saberlo todo.
No necesitas haber construido una empresa de 100 millones para ayudar a alguien a conseguir sus primeros 1.000 euros online.
Ni tener un millón de suscriptores para explicar cómo conseguiste tus primeros 5.000.
Tampoco necesitas fingir que sabes cómo llegar a un millón si todavía no has llegado.
Esto último parece obvio, pero no lo es.
Te puedo enseñar hasta donde he llegado
Este es probablemente el modelo con el que más me identifico.
Yo no puedo enseñarte cómo construir una newsletter de un millón de suscriptores, porque no la tengo.
Tampoco puedo explicarte cómo ganar diez millones de euros vendiendo productos digitales, porque no los he ganado.
Podría leer veinte libros, estudiar a quien lo haya hecho y hacerte un resumen muy convincente, y creo que tendría mucho valor, sería un buen producto, pero no sería mi experiencia.
Lo que sí puedo enseñarte es cómo he construido una audiencia de más de 100.000 personas en X o cómo he llegado a más de 5.000 suscriptores en Substack.
También cómo escribo Notas que han conseguido miles de likes.
O cómo he monetizado una audiencia mientras tengo un trabajo y una familia.
Lo qué he probado, lo me ha funcionado, lo que ha sido una pérdida de tiempo, qué haría diferente si empezara mañana…
Eso sí lo sé, porque he pasado por ahí.
Y seguramente haya alguien que ahora tenga 73 suscriptores y quiera llegar a 1.000, y no necesita que yo tenga un millón.
Necesita saber cómo coj.. se pasa de 73 a 1.000.
Cuando llegue a 1.000, quizá yo ya esté en 10.000 y pueda enseñarle el siguiente tramo.
O quizá me haya adelantado él y sea yo quien tenga que aprender de esa persona.
También puede pasar y no hay ningún problema.
De hecho, esa idea me gusta bastante.
Enseña mientras avanzas
Creo que durante mucho tiempo hemos pensado que para enseñar primero había que llegar.
¿Llegar dónde? Ni idea, pero llegar.
Convertirte en “experto”, tener suficientes resultados, recibir algún tipo de permiso imaginario.
Y entonces podías empezar a hablar.
El problema es que era eso, imaginario. El permiso te lo puedes dar tú cuando quieras.
A ver, obviamente tienes que saber de lo que hablas. Si no sabes hacer algo, no enseñes a hacerlo. Si nunca has vendido nada, quizá no sea el momento de sacar un curso llamado Cómo hacerte millonario vendiendo cursos. Aunque algunos lo hagan, y cuele.
Pero tampoco necesitas esperar veinte años. Puedes documentar mientras avanzas.
Explicar lo que acabas de aprender. Contar qué estás probando. Enseñar los resultados. Y también los errores.
Para mí es más divertido. Me aburre enseñar lo que ya me sé de memoria, pero me encanta compartir las cosas que voy aprendiendo.
De hecho, alguien que está tres pasos por delante de ti puede ser en algunas cosas más útil que alguien que está 3.000, porque todavía recuerda tus problemas. Todavía recuerda cómo era tener 20 suscriptores, abrir Substack y no saber qué publicar, etc.
Todavía recuerda qué preguntas tenía.
Cuando llevas veinte años haciendo algo, algunas de esas cosas se vuelven tan obvias que incluso cuesta explicarlas.
Es la maldición del conocimiento.
Por eso quiero ayudarte
Volvemos al principio. En los próximos meses voy a sacar varias cosas.
Una de ellas será una Masterclass sobre Notas y crecimiento en Substack.
Y voy a venderla. No voy a insultarte regalándotela.
Si eres suscriptor de pago, la tendrás incluida, eso sí.
Creo que puedo ayudarte con ello porque he hecho precisamente lo que voy a enseñar:
He escrito notas que no ha leído prácticamente nadie. También he escrito otras que han conseguido miles de likes y me han traído muchos suscriptores.
He probado formatos. He observado. Me he equivocado. He repetido lo que funcionaba.
He ido entendiendo un poco mejor el sistema. Y ahora puedo ahorrarte parte de ese camino.
No puedo garantizarte que una Nota tuya vaya a conseguir 5.000 likes. Quien te garantice eso probablemente te está vendiendo humo.
Pero sí puedo enseñarte lo que yo hago para aumentar mucho las probabilidades de que funcionen mejor.
Después tendrás que hacerlo tú, y seguramente adaptar cosas a tu voz, tu audiencia y tu manera de crear.
Eso es precisamente lo que quiero.
No necesito clones. Ni quiero ser tu gurú.
No tengo todas las respuestas y desconfío bastante de quien parece tenerlas.
Pero sí he recorrido algunos caminos que quizá tú estás empezando ahora.
Y si puedo mirar atrás de vez en cuando y decirte:
Por aquí se puede pasar. Pues creo que es bastante.
Y mientras tanto seguiré haciendo lo mismo que tú:
Probando.Aprendiendo.Equivocándome.Creando y Creciendo.
Avanzando.
Y huyendo de los gurús que hacen de la arrogancia su proposición de valor.
Un abrazo,
Carlos



Compartir lo que sabes no exige ir de experto. Basta con contar lo que has aprendido, lo que te ha funcionado y también lo que no.