Hoy es fin de semana, y toca un artículo más largo. Más profundo y reposado, para este mundo de notes, shorts y reels en el que vivimos. Hazte un favor a ti mismo y lee algo que te lleve más de 1 min. Puede ser esto, u otra cosa, a mí me da igual. Pero párate y lee de manera presente y sin distracciones algo que alimente tu cerebro. Digiérelo, reflexiona sobre ello. Tu mente te lo agradecerá.
Empiezo.
Hay un error que veo muchísimo en gente que quiere crecer en redes, montar algo, avanzar profesionalmente o aprender prácticamente cualquier cosa.
Y es bastante difícil de corregir porque la persona que lo comete no sabe que lo está cometiendo.
Cree que sabe.
Sí, ese es el problema. No piensa: “No tengo ni idea de cómo hacer esto.”
Piensa: “Sí, más o menos ya sé cómo funciona.” “Yo soy autodidacta.” “Prefiero hacerlo por mi cuenta.” “Ya he leído bastante sobre eso.” “Es que yo escribo muy bien.”
Y después miras los resultados y…
Bueno. A lo mejor no sabes tanto como piensas.
Tu ego no es tu enemigo
Hay un libro muy conocido que se llama El ego es el enemigo.
Buen título. Seguro que le ayudó a venderlo (y eso me parece realmente muy bien, no estoy siendo sarcástico)
Pero…
yo no creo que el ego sea siempre tu enemigo.
El ego también te protege. Te ayuda a defenderte, a no dejar que cualquiera te pise, a tener confianza y probablemente a hacer cosas que no harías si estuvieras cuestionándote constantemente.
El problema es cuando empieza a protegerte de cosas de las que no deberías protegerte, como sentirte incompetente, o admitir que otra persona sabe algo que tú no sabes, o aceptar que llevas seis meses intentando algo y no tienes ni idea de cómo hacerlo.
Eso duele, claro. A nadie le gusta admitir que es un inútil en algo.
Así que el ego encuentra una solución bastante cómoda: Te convence de que en realidad ya sabes. No necesitas ayuda. Tú eres diferente. Y así tu ego queda protegido.
Ojo: tus resultados no, pero tu ego sí.
“Yo ya sé escribir”
Esto lo he visto varias veces:
Hablo sobre crecer en Substack, escribir Notes, crear contenido, conseguir suscriptores, etc., y alguien me dice:
“Yo es que ya sé escribir.”
OK. Puede ser.
Pero si tienes cinco suscriptores y llevas un año intentando conseguir una audiencia, a lo mejor no sabes escribir de manera que la gente quiera leerte.
Que no significa que seas idiota. Ni siquiera significa necesariamente que escribas mal. Significa que no sabes conseguir suscriptores que te quieran leer.
Son cosas diferentes.
Si me dices que eres un escritor extraordinario porque tú consideras que escribes extraordinariamente bien, pues vale.
Puedo estar de acuerdo, o no. Si tú eres el único que lo dices, a lo mejor deberías buscar más fuentes de confirmación. Pero vale, OK, te puedo creer.
Pero si me dices que has vendido dos millones de libros, entonces la conversación cambia un poco: hay un resultado. Algo que podemos medir.
Los resultados tienen una característica bastante incómoda: Les da igual lo que tú pienses de ti mismo. Hablan por sí sólos.
Mira tus resultados
Esta es probablemente una de las mejores formas que conozco de bajarle un poco el volumen al ego (y de saber si necesitas ayuda, o no):
Mira tus resultados. Nada más.
¿Tienes los resultados que quieres? Si la respuesta es sí, fantástico. Sigue.
Si la respuesta es no, tienes que aceptar al menos la posibilidad de que haya algo que no sabes.
Parece obvio, pero nos cuesta muchísimo, a todos (sí, a ti, y a mí, también)
Sobre todo cuando has tenido éxito en otra parte de tu vida (de esto hablaré en otro artículo, pero te adelanto un poco). A mí me pasó cuando empecé en redes.
Yo ya llevaba muchos años de carrera profesional. Había tenido buenos resultados, sabía desenvolverme en determinadas situaciones, tenía habilidades que obviamente podía trasladar a este mundo.
Pero nadie en en Substack estaba esperando a que llegara yo. No había una alfombra roja para mí. A nadie le importaba yo, ni mi carrera. Y empecé con cero seguidores como cualquier otro.
Y si publicaba basura, no la leía nadie. Y a veces, si publicaba calidad, tampoco.
No tenía ningún derecho adquirido por haber tenido éxito en otro sitio.
Esto puede ser especialmente difícil cuando estás acostumbrado a ser competente.
De repente vuelves a ser principiante. Y ser principiante a los 20 es una cosa. Ser principiante después de llevar 15 años pensando que más o menos sabes lo que haces es otra.
“Prefiero aprenderlo por mi cuenta”
Eso ,e lo dicen mucho. “no, yo hago más o menos eso que enseñas pero lo hago a mi manera, por mi cuenta”.
Perfecto. Puedes.
Casi todo lo que enseño yo u otra puedes aprenderlo tú solo.
Puedes aprender a escribir, vender, crear contenido, conseguir suscriptores, montar un negocio, invertir y prácticamente cualquier habilidad que se te ocurra sin pagarme a mí ni a nadie.
La pregunta no es esa. La pregunta es cuánto te va a costar descubrirlo.
Porque…
una cosa debe quedarte clara: vas a pagar igualmente.
Puedes pagar con dinero, o puedes pagar con tiempo. O con falta de resultados.
Yo he hecho las dos cosas.
También he sido el que entra en una formación, mira el preview y piensa:
“Ah, vale, ya entiendo por dónde va. Más o menos puedo sacarlo yo.”
Jaja. Claro.
No te engañes: lo que estás haciendo es intentar obtener el resultado sin pasar por la incómoda experiencia de admitir que necesitas aprender, y sin rascarte el bolsillo.
Te voy a ser sincero. No he conocido ninguna persona, NINGUNA, que me haya dicho cosas como las que encuentras en esta sección, y haya tenido resultados. Y me he cruzado ya con muchas.
Ni una sola, ha aumentado significativamente sus suscriptores, ni la calidad de sus contenidos, ni mucho menos sus ingresos.
A lo mejor existe alguna, pero yo aún no la he visto.
Haz con esta información lo que te parezca.
Comodidad y crecimiento no van demasiado bien juntos
Mini sección:
Quieres crecer, pero sin sentirte incompetente.
Quieres aprender, pero sin ser principiante.
Quieres mejores resultados, pero sin cambiar demasiado lo que estás haciendo.
Quieres ganar más, pero sin arriesgar dinero.
Quieres una audiencia, pero sin exponerte.
Mmmm… Complicado.
Crecer implica necesariamente entrar durante un tiempo en un sitio en el que todavía no eres bueno, y aceptarlo.
No hay otra. Cuanto antes aceptes eso, más rápido puedes avanzar.
Lo peor es cuando no sabes que no sabes
Hay una progresión bastante conocida cuando aprendes algo:
Primero no sabes que no sabes. Después sabes que no sabes. Luego empiezas a saber. Y finalmente haces ciertas cosas casi sin pensar.
La primera fase es la más peligrosa, porque estás convencido de que el problema está en otro sitio: el algoritmo, la economía, la plataforma, la gente, tu audiencia, que no entiende la calidad de lo que haces..
Cualquier cosa menos tú.
Cuando pasa a: “Vale, a lo mejor el problema es mío, que aún no sé hacer esto.”
es progreso. Muchísimo. Ahora puedes hacer algo al respecto. Buscar a alguien que ya tenga el resultado que quieres, estudiar, pagar formación, lo que sea. practicar.
Pero partes de la realidad.
No tienes que comprarme nada
Muchas veces, cuando hablo de invertir en aprender alguien siente la necesidad de explicarme por qué no va a comprar algo mío, y de ponerme excusas tipo: ahora estoy muy liado, ya más o menos hago eso pero a mi ritmo, me gusta lo que escribes pero ahora mismo no puedo por X o Z...
No hace falta. De verdad. No soy tu madre.
Si saco una Masterclass y no la quieres, no la compres. Si crees que puedes aprenderlo solo, adelante. Si no tienes dinero, utiliza contenido gratuito. Si no te interesa lo que enseño, aprende de otra persona.
A mí no me debes ninguna explicación.
Pero no deja de parecerme parece curioso es cuando alguien siente la necesidad de decir: “No la compro porque realmente esto ya lo sé hacer.” Y después ves que no tiene el resultado que precisamente esa habilidad debería producir.
Ahí a lo mejor no me estás intentando convencer a mí. Te estás intentando convencer tú.
Y eso sí puede salirte caro. Quiero decir, yo voy a seguir con mi vida, y a mí no me va mal. Pero el que se queda exactamente donde estaba eres tú.
Empieza por “no sé”
OK vamos a lo que sí podemos hacer. No hace falta complicarlo demasiado.
Piensa en algo que quieres conseguir y todavía no has conseguido.
Mira tus resultados. Sin excusas, y sin explicaciones.
Sin compararte con tu primo ni con alguien que tuvo más suerte.
¿Tienes el resultado que quieres?
No. Vale.
Entonces quizá todavía no sabes hacerlo. Y no pasa absolutamente nada. Puedes aprender.
Busca a alguien que haya llegado donde quieres llegar. Aprende los principios. Decide si quieres invertir dinero o prefieres invertir más tiempo. Practica. Equivócate. Mira qué ocurre y sigue.
Pero empieza desde: “No sé.”
No desde: “Yo más o menos ya sé.”
Reconocer que no sabes no te hace menos inteligente, sino que te pone en posición de aprender.
Y si quieres aprender a construir una audiencia, a llamar la atención de la gente para que te lean, puedes suscribirte aquí:
Eso te da acceso a una masterclass y una skill de IA, que justifican el precio con creces. Además de futuras formaciones, y todos mis artículos de pago. Poco más te puedo decir.
Si algo he aprendido después de empezar desde cero varias veces (en serio, muchas) y tener éxito, es que esa posición es muchísimo más poderosa que parecer que ya lo sabes todo.
El ego puede acompañarte, está bien, simplemente no dejes que conduzca. Al menos no siempre.
Un abrazo,
Carlos


