Qué dos tipos de personas hay
Y cuál debes ser tú, por tu propio bien
Ayer perdí diez minutos, que no debería haber perdido.
Tengo una regla bastante clara: no debatir con perdedores. No discutir con gente que tiene mentalidad corta. No gastar energía en conversaciones que no llevan a ningún sitio.
Ayer la rompí.
Vi un post en X de un influencer bastante conocido que se quejaba del precio de la vivienda en España. El tono era el habitual: “es imposible”, “todo está carísimo”, “necesitas 50.000 € solo para la entrada”, “esto es injusto”.
Lo curioso es que, según él mismo (no dudó en dejarlo bien claro), él sí puede permitírselo. Pero aun así se queja.
No sé si lo hace por engagement, por congraciarse con la mayoría o porque realmente piensa así. Tampoco quiero dedicar más tiempo a analizarlo. Lo relevante no es él.
Lo relevante es la mentalidad.
Hay dos tipos de personas:
Los que se quejan.
Y los que actúan.
Yo hice un comentario educado. Simple. Nada agresivo. Dije que, si alguien no es capaz de ahorrar esa cantidad (50k) en un plazo razonable, probablemente debería trabajar en sus finanzas y en su capacidad de generar ingresos.
Eso fue suficiente para que se lo tomara como un ataque personal.
Y ahí ya sabes cómo acaba esto: argumento — respuesta emocional — ataque personal — Fin. Tuve que bloquearle.
El error fue mío por entrar.
Porque quejarse es fácil. Y además une. La queja crea comunidad. “Todo está caro”, “todo es injusto”, “no se puede”.
Eso gusta. Los comentarios de su post eran una retahíla de quejas infantiles.
Lo que no gusta es que alguien te diga que quizá el problema no es el precio… sino tu nivel de ingresos.
Eso ya molesta.
Yo vivo en un sitio donde la vivienda es bastante más cara que la que mencionaba en ese post. Bastante más. Y no digo que el mercado sea perfecto ni que no haya distorsiones. Las hay. Siempre las hay.
Pero meterte en Twitter a llorar no cambia la oferta y la demanda.
Mejorar tus habilidades sí cambia tu capacidad de compra.
Esa es la diferencia.
El sistema es el que es. Puedes odiarlo. Puedes criticarlo. Puedes escribir posts indignados. Pero mientras tanto, los precios siguen siendo los que son.
La única variable que realmente controlas eres tú.
Tu capacidad de generar ingresos.
Tu capacidad de ahorrar.
Tu capacidad de negociar.
Tu capacidad de posicionarte mejor.
Yo no soy ajeno a quejarme alguna vez. Todos lo hacemos. Pero quedarse ahí es infantil.
Un adulto funcional se pregunta: ¿Qué tengo que hacer para poder permitirme esto?
No se pregunta: ¿Por qué no me lo ponen más barato?
La mayoría elige la segunda pregunta, y luego se sorprende de los resultados.
Si tú estás aquí leyendo esto, quiero pensar que estás más cerca del segundo grupo. Del que entiende que la solución pasa por volverse más valioso para el mercado, no por esperar que el mercado se adapte a ti.
Y ahí es donde entra, entre otras cosas, la negociación.
Porque no basta con “trabajar duro”. No basta con “esperar que te paguen más”. No basta con indignarte.
Este finde publico un artículo de pago donde explico cómo negociar en el mundo laboral de forma estratégica, concreta y sin ingenuidad.
No teoría. Experiencia mía real.
Entre otras cosas, explico:
Por qué aceptar la primera oferta (aunque sea “buena”) casi siempre significa que has dejado dinero encima de la mesa.
La forma correcta de responder cuando te preguntan “¿cuánto quieres cobrar?” sin dispararte en el pie.
Cómo estimar el rango salarial real antes de que Recursos Humanos te lo diga (si es que te lo dicen).
El error silencioso que hace que negocies desde debilidad sin darte cuenta.
Cuántas veces negociar una oferta sin generar fricción innecesaria (y cómo saber cuándo parar).
Qué cantidad usar como anclaje sin que te descarten del proceso.
Por qué negociar mal hoy puede costarte una gran cantidad en los próximos años.
Si eres de los que prefiere actuar en vez de quejarse, a lo mejor te interesa.
La suscripción cuesta menos que una comida de diario. Y si aplicas una sola idea bien, una sola, se paga sola 100x.
Si no, claro, siempre puedes seguir leyendo hilos sobre lo injusto que está todo.
La decisión es tuya.
Un abrazo,
Lobo
PS: el botón rojo. A veces mando un audio acompañando al post. No lo garantizo, pero a veces lo hago. Eso sí, sólo para los que se suscriben antes de que el post salga. Sin excepciones. Así que ya sabes.


Guste o no guste tu forma de pensar es honesta. Pienso que tiene mucho que ver con el orden de prioridades que cada uno de nosotros reealiza con su vida. Para unos el poseer más es insaciable, y no le importa endeudarse para ello. Otros simplemente tienen otros ordeneness de preferencias, y nada más.